domingo, 25 de septiembre de 2022

Historia de la Princesa y el sapito

Había una vez una linda princesa llamada Ana, que vivía en una apartada comarca de la región y se esmeraba al igual que varios de sus habitantes, sirviendo con un corazón honesto y obediente a su Rey. Esto realmente la llenaba de gozo y se esforzaba por ello cada día, creciendo en los principios y ordenanzas, que ella creía, venían del Rey mismo.  Sin embargo, quien realmente determinaba los estatutos de aquel cerrado distrito, era una mujer llamada Grimelda, persona seductora y hechicera, a quien por cierto todos adoraban y rendían culto dado sus supuestos dotes de poder y adivinación.

Esta princesa tenía el anhelo de poder encontrar al príncipe indicado y así poder formar una sólida familia que sirviera al Rey de por vida, este era también el deseo de muchas otras bellas y serviciales princesas, pero para muchas los años fueron pasando y vieron diluirse sus sueños y anhelos entre supuestas visiones y eternas esperas...

Un día la princesa Ana, caminaba tranquilamente por un puente, el cual solía visitar para hablar con su Rey. Mientras se encontraba concentrada en su conversación, comenzó a escuchar el croar de un sapito insistentemente. Al buscar con su mirada de donde venía el sonido, se dio cuenta de que había un sapito sobre un nenúfar, el cual la miraba fijamente con clara intención de hablarle. Sin mucha cautela y con poda delicadeza, el sapito saltó rápidamente a la baranda del puente y le dijo a Ana si le gustaría conversar con él. La princesa titubeó un poco, ya que le pareció un poco apresurada su intervención, pero poco a poco accedió, pues las posibilidades de conversar con otros sapitos eran muy escasas.

El sapito, el cual llevaba por nombre Bebai, avanzó rápidamente en la conversación y le propuso juntarse a hablar cada tarde en el mismo lugar para conocerse. La princesa aceptó, puesto que el sapito gozaba de cierto "adquirido prestigio" dentro del distrito, aunque bien sabían los sapitos cercanos y algunas princesas que poco o nada le gustaba trabajar y qué más le acomodaba dirigir obras y observar el trabajo de otros.

A los pocos días de conversación entre ambos, la hechicera Grimelda ya se encontraba al tanto de toda la situación, y como era su costumbre, ya había dirigido a ambos con sumo detalle en como debían seguir relacionándose. Ya que como buena hechicera, tenía información privada de ambos y sabía muy bien como poder utilizarla.

Con el pasar del tiempo, la princesa Ana, comenzó a sentirse enamorada del sapito Briar, y parecía que él correspondía también su amor. Las cosas marchaban bien, curiosamente Grimelda estaba muy de acuerdo con esta unión, actitud no habitual en ella, ya que por su excesivo perfeccionismo y narcisismo nunca se encontraba complacida y satisfecha con nada, menos con una unión de pareja con deseos de formar una familia, puesto que ella misma era desdichada en su connubio, pretendía y aspiraba con eso que ojalá muchos abrazaran la soltería, porque evidentemente siempre es más fácil controlar y manipular a una persona sola que aun fuerte cordel de tres hilos como lo es el matrimonio.

Una bella tarde, el sapito Bebai, decidió dar un gran salto y le propuso matrimonio a Ana. La princesa, muy emocionada, no dudó en responderle y en el mismo momento le dijo: "¡Acepto!". Todos a su alrededor se llenaron de alegría, ya que como antes mencioné, no era usual que alguien contrajera matrimonio ni menos con el camino tan despejado como era el caso de este.

Comenzaron los preparativos e incluso los proyectos futuros con viajes para servir a su Rey en otras comarcas, todos querían ser parte en ayudar a la pareja, pero Briar parecía inquieto y se podía ver claramente que no lograba disfrutar de los preparativos de su boda.  Un día de aquellos, mientras organizaban detalles, Ana notó que algo le sucedía al sapito y le preguntó si se sentía bien, a lo que Bebai respondió que no estaba bien y que necesitaba hablar con ella. Ambos se sentaron frente a frente, Ana notó un alto grado de nerviosismo y angustia en Briar y ella misma también comenzó a ponerse nerviosa. En plena tensión, Briar sin mucho cuidado, le dice que hay algo de él que necesita contarle, y de su gran bocaza sale la siguiente frase: -"me gustan los sapitos, ... no las princesas", para Ana el tiempo comenzó a correr lento y pensó que quizás ella no estaba entendiendo bien. Así que pregunto: - "¿cómo?, ¿cómo que te gustan los sapitos y no las princesas?

Eso mismo le dijo el sapito: - "me gustan los sapitos como yo, y no creo que pueda convertirme en hombre con un beso tuyo para que me logre enamorar de ti"

La princesa quedó destrozada, no entendía como el sapito había hecho tal cosa, porque le había hecho creer que la podía amar, cuando en realidad él no podía sentir afecto natural por una mujer. Lo más triste de todo es que Grimelda y otros cabecillas de la comarca estaban al tanto de la situación del sapito Bebai y sabiendo aquello, impulsaron una relación fundada en la mentira y que además era imposible llevar a cabo.

Yo no juzgo al sapito por su condición, si el sapito no ha dado rienda suelta a sus deseos lujuriosos y ha decidido luchar en contra de ellos, está bien, que el Señor le ayude y tenga misericordia de su vida. Sé que El verdadero Rey es capaz de renovar la vida de cualquiera que sea hijo.

Pero querido amigo, mi intención acá no es enfocarme en la princesa y el sapito, sino en el gobierno que ejercen los caudillos de esta comarca. Piensa, ¿qué tipo de persona es capaz de hacer algo así?, de fomentar una mentira y dañar tanto a una persona innecesariamente, para luego darse cuenta de que su plan no funcionó y entonces decirle descaradamente a la princesa que fue "una prueba" del Rey a su vida.

¿Bajo qué principios pueden los líderes controlar tanto la vida de una persona?

¿Es válido el engaño para lograr un propósito?

¿Estará de acuerdo el Rey con esta manera de actuar?

Amigo, si no logras ver lo que aquí expongo, te invito a que leas y estudies a profundidad el Libro del Rey y vayas viendo con tus propios ojos cuál es Su verdad y lo compares con lo que te han enseñado falsamente.

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